En demasiadas ocasiones, el incumplimiento de las normas para la ordenación del tráfico y el estacionamiento de vehículos por parte de los conductores, origina problemas e incomodidades a muchos ciudadanos.
Estos inconvenientes los viven a diario personas discapacitadas físicamente (en silla de ruedas) que dependen del transporte público para desplazarse a larga distancia dentro del casco urbano.
El problema reside en que aunque los autobuses urbanos ya disponen de rampa para el acceso de minusválidos, ésta pierde su utilidad cuando el vehículo no puede aproximarse a la acera. Esto sucede por la falta de solidaridad de muchos conductores, que aparcan sus coches en las zonas de parada constantemente.
Para que la rampa sea eficaz debe apoyarse sobre la acera. No obstante, si el autobús no puede acercarse lo bastante a la acera, tendrá que hacerlo sobre el asfalto de la calle, lo que hace que la pendiente sea mucho más pronunciada y sea más costoso subirla con silla de ruedas.
Todo esto no sucedería si los conductores respetaran las normas y no ocuparan las paradas de autobús.
